miércoles, 10 de febrero de 2010

FEDERICO GARCÍA: EL CINE DESDE LAS ALTURAS




Mi preocupación es que la historia sea clara en
primer lugar, sumamente clara porque está dirigida a un público que no va a
entender circunloquios o artificios del lenguaje
cinematográfico.

Federico García H.



Federico García Hurtado (Cusco, 1937) es un comprometido poeta, ensayista, narrador, director de cine y luchador social. Ha publicado dos libros de poesía: Lágrima blanca (1953) y Génesis (1957). Textos suyos han sido recogidos en la Antología de la Poesía cusqueña contemporánea. También ha publicado las novelas El paraíso del diablo (2003) y Piel de fuego (2007). Sus ensayos, La revolución agraria del Perú (1965) y Pachakuteq: una aproximación a la cosmovisión andina, publicado por nuestra institución, aportan decididamente a la comprensión de nuestro país. Ejerció el periodismo en varios diarios y revistas del Perú y el extranjero y tiene una experiencia consolidada en el campo cinematográfico que incluye la producción de cortometrajes, mediometrajes, largometrajes, documentales y series de televisión. Inclusive la redacción de varios guiones de largometrajes.

Brecht dijo alguna vez que Hay hombres que luchan un día y son buenos (…) Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. A estos últimos pertenece Federico, su actitud de denuncia y de pugna por el reconocimiento y comprensión de los valores andinos (su cosmovisión y su realidad) son una constante desde diferentes planos.

Busca a través de su obra aportar en la superación de la ruptura entre el campo y la ciudad, la cultura occidental y la cultura andina, el Perú oficial y el no oficial. Siendo director del Centro Cultural de San Marcos mostró una actitud pluralista y democrática por lo cual la Casona de San Marcos hoy es reconocida como un espacio cultural que respalda el debate de ideas y la consolidación de un país más tolerante e integrado, aunque la intolerancia y la actitud fascista de ciertos individuos lo haya separado de este papel que tan bien desempeñaba.

Federico desde su juventud tuvo la sensibilidad para reconocer y diferenciar las profundas rupturas culturales, sociales y económicas. En su primer documental, Los trocheros, pone de manifiesto una realidad que contrasta con la información oficial y da a conocer las tragedias ocultas o anónimas, con el fin superar la indiferencia y romper con la visión “exotista” de ciertos sectores.

El camino que recorre después estaría marcado por la censura, la mezquindad, la intolerancia y la marginalidad, pero esto no logró extinguir su propuesta. Sus películas son una muestra de ello. Kuntur Wachana más allá de una denuncia y el retrato de hechos históricos, muestra una tragedia real que golpea los andes y de la cual somos culpables, ya sea por indiferencia o desconocimiento, y que acentuamos esto cuando no comprendemos lo que Federico quiso retratar (lo cual se refleja en la crítica intelectual y la poca repercusión de la misma en la costa, pero sí de gran éxito en los andes). Igualmente Laulico, trata el tema de la espiritualidad andina en contraposición a la racionalidad occidental, infiriendo de esto que sólo la fuerza del pueblo y su unidad podrán enfrentar los vejámenes y condiciones enajenadas en la que se encuentran. En El Caso Huayanay los comuneros cansados de los abusos del gamonal, deciden aplicarle el Juchanan hampi luego de juzgarlo de acuerdo a sus antiguas costumbres. Cuando están encarcelados afirman al unísono ante las autoridades: “Nosotros lo matamos, señor”, haciendo recordar el papel de la fuerza colectiva. Melgar, poeta insurgente, narra la vida del poeta revolucionario como símbolo de que el cambio es posible. Tupac Amaru, la película más emblemática de García se convierte en un himno a la libertad.

A través de sus películas Federico García propone un cine social, realista, comprometido. Presenta un lenguaje cinematográfico sin malabarismos pero pone de manifiesto la fuerza del contenido. Prefiere el personaje colectivo frente al individual y hace uso del paisaje no como mero telón de fondo, sino como parte interactuante de la historia desarrollada.

Federico García al igual que César Vallejo y Arguedas, se da cuenta de las limitaciones del lenguaje, por ello decide construir uno particular que le permita mostrar el universo andino en las entrañas del mundo occidental. La mayoría de críticos se detienen en imperfecciones estéticas y al igual que Sancho no pueden ver más allá de sus narices por la miopía ideológica que padecen. Cuando Federico García fue propuesto al Premio Alba de las Artes, se reconoció en él (con lo cual coincidimos) su aporte en el conocimiento y valoración de la cultura andina. El cineasta a lo largo de su obra plantea una nación sólida en sus propias raíces culturales, Reivindica los derechos vulnerados de los pueblos y caracteriza a la sociedad peruana como multiétnica y pluricultural. Plantea la necesidad de una sociedad con justicia y equidad; es decir, realiza una aproximación real a un país desconocido y al mismo tiempo próximo, valorando su historia, diferente a las del país oficial

Federico sabe que la gran empresa que se ha trazado está inconclusa. La marginalidad y el olvido pervive en los espíritus conscientes y comprometidos que tienen como objetivo un país de mil voces pero un solo eco.

Su salud hoy está quebrantada, pero solo es el cuerpo, su espíritu es incólume como lo son los andes que vieron la luz a través de sus ojos.

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